Día 1: en un frasco limpio, mezcla 20 g de harina y 20 g de agua hasta que no quede harina seca. Debe quedar espesa.
Limpia los bordes del frasco y marca el nivel con una liga o un marcador para ver si crece.
Tapa sin cerrar herméticamente y deja reposar 24 horas en un lugar templado, sin sol directo. Si el primer día no ves cambios, es normal.
Día 2: saca mezcla hasta que queden solo 20 g (eso es el descarte).
Añade 20 g de agua y mezcla; luego añade 20 g de harina y mezcla hasta que quede uniforme. Esa es la proporción 1:1:1.
Limpia los bordes, marca el nivel, tapa sin apretar y deja reposar otras 24 horas.
Días 3 al 7: repite lo mismo cada 24 horas: conserva 20 g, añade 20 g de agua y 20 g de harina, mezcla y deja reposar.
Está lista cuando tiene burbujas por toda la mezcla, huele agradable y un poco ácido, y duplica su tamaño de forma predecible entre 4 y 8 horas después de alimentarla, varias veces seguidas.